Quien soy

Mayte Cedeño
Slider

“El amor a las plantas es amor a la tierra, es amor a la vida, es amor a nuestros cuerpos.”

Mayte CedeñoFue en al año 2000 que comencé a estudiar Naturopatía respondiendo al deseo de encontrar respuestas a mis problemas de salud. Esa decisión supuso el comienzo de un viaje de conocimiento y sanación a todos los niveles: físico, mental, emocional y espiritual.

Fue una consecuencia natural empezar a acompañar a otros en sus procesos de salud. Y también lo fue empezar a compartir aquello que iba aprendiendo. Es por eso que actualmente en mi práctica profesional combino mi labor en consulta como naturópata con la enseñanza de estos valiosos saberes.

Desde el año 2010 imparto clases de Fitoterapia energética, Naturopatía, Flores de Bach y Cosmética natural en el Instituto de Estudios Naturales. También colaboro con la asociación Pequeños Maestros en su formación de Coaching en maternidad – doulas. Y en el año 2017 comenzó la andadura de mi proyecto más personal: Mujer yerbera. Un proyecto que nace de mi amor a las plantas y la Tierra.

Cuidar de nuestra salud es nuestra mayor y más preciosa responsabilidad en estos tiempos tan cambiantes y desafiantes. Cultivar este arte y enseñar a manifestarlo es mi propósito de vida fundamental.

Siempre tenemos el poder de evolucionar en salud, conciencia y esperanza.

Mi relación con las plantas.

Siendo niña encontraba paz al sumergir mis manos en la tierra. Reconocer las necesidades de las plantas era un proceso espontáneo que se daba simplemente por estar ahí, mirándolas, acariciándolas, hablando con ellas. Por el camino aprendí sobre sus virtudes medicinales y a prepararme mis propios remedios vegetales; sigo haciéndolo, y ese saber, entre otras cosas, es lo que ofrezco.

Creo que los conocimientos acerca de las plantas que he ido adquiriendo, más que irlos aprendiendo, los he ido recordando. Una de mis tatarabuelas utilizaba el saber herbal para ayudar a sanar a los que a ella se acercaban. Fue una yerbera-curandera boricua, de Puerto Rico, la tierra que me vio nacer.  (Foto de mi tatarabuela)

Las plantas me han enseñado que el conocimiento de sus bondades es un camino que se abre a cualquiera que se acerca a ellas con curiosidad, amor y respeto. Esta sabiduría no es cosa de pocos, cada una y cada uno de nosotros, sin excepción, tiene la capacidad de entrar en comunicación directa con el mundo vegetal y escuchar. Se trata de desarrollarla. Nuestros antepasados ya lo hicieron.

La Tierra, los árboles y las hierbas, en su infinita paciencia, esperan. Esperan a que nos bajemos del tren de la ansiedad y el ajetreo y escuchemos lo que tienen que decirnos. Es urgente hacerlo en los tiempos tan desafiantes que estamos viviendo. Y todos, todas, tenemos oídos en el corazón para ello. No solo estoy hablando de una capacidad. Se trata también de un compromiso y de una responsabilidad esencial para con nuestra salud y la de nuestra Madre Tierra.